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La dieta del Grupo sanguíneo. Super interesante.

Publicado 28 febrero, 2014 por Diana Pardo

LA DIETA DEL GRUPO SANGUINEO, ¿ SOMOS LO QUE  COMEMOS? O ¿COMEMOS EN FUNCIÓN DE LO QUE SOMOS?

Siempre hemos escuchado que somos lo que comemos, sin embargo aquí os dejo información sobre lo que debemos comer en función de lo que somos por dentro.
Es decir, según esta teoría deberíamos alimentarnos en función de nuestro grupo sanguíneo. Desde luego, si lo pensamos detenidamente,y tenemos en cuenta que nuestra sangre es la que riega todos nuestros órganos internos y la que distribuye los nutrientes que ingerimos, tiene mucho sentido. La primera persona que me habló de esta dieta fue Loto Perrella, nutricionista de prestigio internacional y autora del libro Candidiasis, Verdades y Mentiras sobre la enfermedad.
Toda nuestra conversación fue muy interesante, por eso he decidido compartir toda esta información en mi Blog.
El artículo es bastante largo pero lo interesante es que cada uno busquemos los datos correspondientes a nuestro grupo y veamos si estamos haciéndolo bien. También da unas pautas muy interesantes sobre los tipos de alimentos que nos ayudarán a adelgazar o a coger peso en función de nuestra sangre.

El Grupo Sanguíneo y su Dieta
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Según los investigadores James y Peter D’Adamo la buena o mala asimilación de los alimentos está condicionada por nuestro grupo sanguíneo.

Hasta el punto de que en cada grupo -A, B, AB y O- hay alimentos que son perjudiciales, otros beneficiosos y otros neutros. Es más, aseguran que muchas enfermedades pueden deberse al mero consumo de alimentos no adecuados para nuestro grupo sanguíneo. Otros, en cambio, nos ayudarían a sanar. Incluso afirman que en ello está la razón de que muchas personas no consigan adelgazar cuando se ponen a dieta.

  • Las personas con sangre del tipo 0 son “donadoras universales”. Es decir, pueden donar sangre a cualquiera de las que tienen otros tipos de sangre pero sólo pueden recibir la suya propia.
  • Las personas del tipo AB son “receptoras universales”, es decir, pueden recibir sangre de todos los demás pero sólo pueden donar a los de su propio tipo.
  • Las personas del tipo A pueden recibir sangre de su mismo tipo y del grupo 0 pero no de las de los tipos B y AB. Y puede donar a los de su mismo tipo y a las de tipo AB. Y,
    -Las personas del tipo B pueden recibir sangre de su mismo tipo y del grupo 0 pero no de las de los tipos A y AB. Y puede donar a los de su mismo tipo y a las de tipo AB.
  • Dicho lo cual hay que aclarar desde ya, que el propio autor deja claro que esas conexiones no son radicales. Es decir, no todos los organismos de las personas del mismo tipo son intolerantes a todos los alimentos ni el grado de sensibilidad es igual en todos, al alimento al que son intolerantes. Las pautas generales que ofrece tras sus años de estudio clínico son pues sólo orientativas.

    Alimentos Beneficiosos, Neutros o Desaconsejados
    En suma, Peter D’Adamo clasifica los alimentos en relación con los cuatro grupos sanguíneos en beneficiosos, neutros y desaconsejados. Los primeros son -en cada grupo sanguíneo- los que desarrollan un papel nutricional óptimo asegurando además una actividad antioxidante, antimutágena y anticancerígena. Podríamos decir que son “alimentos medicinales”. Los segundos llevan a cabo un papel meramente nutritivo. Y los terceros son los que contienen sustancias no digeribles para los individuos de un determinado grupo sanguíneo debido a sus lectinas específicas porque provocan la reacción defensiva del sistema inmune que los aglutina para poder luego eliminarlos.

    Características Generales del Tipo 0
    Según Peter D’Adamo las personas con sangre del tipo 0 presentan -siempre hablando en general- un sistema inmunitario potente y muy activo, tendencia a una actividad tiroidea lenta, dificultad de adaptación a nuevas condiciones ambientales y nutricionales, bienestar con actividad física o deportiva regular e intensa y un aparato digestivo muy eficiente capaz de metabolizar dietas ricas en proteínas (carnes magras, pescado y marisco). considerados neutros pero, en general, las personas del tipo 0 deben:
    1) Consumir frutas y verduras en abundancia pero reducir el consumo de las crucíferas (coliflor, coles de Bruselas, berzas…) y las hortalizas de la familia de las solanáceas (berenjenas, patatas, etc.) excepto los tomates
    2) Consumir carnes magras equilibrando esa aportación con verdura. Deben evitar sin embargo la carne de cerdo, los embutidos, las carnes en conserva y los alimentos en salazón.
    3) Consumir pescado y marisco a excepción de pulpo, salmón ahumado, arenques en salazón, caviar y pez gato así como el pescado salado, secado o en conserva.
    4) Limitar o evitar el consumo de leche, lácteos, quesos y huevos. Están en cambio permitidos la mantequilla, los quesos frescos magros y los quesos de soja.
    5) Eliminar todo producto que contenga trigo y limitar los que llevan maíz y cereales.
    6) Evitar las bebidas gaseosas, las colas y el café prefiriendo el té.
    7) Practicar alguna actividad física de forma regular. Les van mejor los deportes competitivos que requieren intenso esfuerzo físico.
    8) En presencia de problemas utilizar productos fitoterapéuticos o infusiones de diente de león, menta, olmo, fucus, tila, alholva, regaliz, lúpulo y rosa canina. Y evitar las de equinácea, áloe, bardana, genciana, barba de maíz o ruibarbo.
    Cabe añadir que los alimentos que favorecen el aumento de peso en las personas del tipo 0 son el gluten del trigo, el maíz, las judías, las lentejas y las crucíferas (coles, coliflor y coles de Bruselas). Por el contrario, favorecen la pérdida de peso las algas marinas, la sal yodada (de forma muy moderada), los pescados y mariscos, la carne de hígado, las espinacas y el brócoli.

    Características Generales del Tipo A
    Las personas con sangre del tipo A presentan según D’Adamo -hablando en general, insistimos- un sistema inmunitario vulnerable, una buena adaptación a condiciones ambientales y nutritivas estables, bienestar con una actividad física o deportiva relajante, un aparato digestivo frágil que tolera mal la carne, la harina de trigo, la leche y los lácteos, y al que le va mejor una dieta vegetariana rica en cereales y legumbres.
    Las personas del tipo A deberían pues:
    1) Basar su dieta en el consumo de fruta, cereales, legumbres y verduras.
    2) Consumir pescado sólo en pequeñas cantidades (carpa, mero, bacalao, merluza, salmón, sardina, trucha) excluyendo los pescados planos como el lenguado y la platija.
    3) Limitar o evitar el consumo de carne pero evitando los embutidos, las carnes -especialmente si están en conserva- y los alimentos salados o ahumados (embutidos, carnes en conserva, alimentos en salazón…).
    4) Evitar el consumo de leche y productos lácteos. En cambio, la soja y sus derivados le son particularmente beneficiosos.
    5) No consumir alimentos precocinados.
    6) Consumir de forma habitual semillas oleaginosas y frutos secos pero evitando las nueces brasileñas y los pistachos.
    7) Reducir el consumo de productos a base de harina de trigo.
    8) Practicar actividades físicas relajantes (yoga, Tai-Chi, bicicleta, natación, excursiones…).
    9) Utilizar en caso de malestar productos fitoterapéuticos o infusiones de manzanilla, cardo mariano, equinácea, valeriana, áloe, bardana y espino albar pero evitar la barba de maíz y el ruibarbo.
    Cabe agregar que los alimentos que favorecen el aumento de peso en las personas del tipo A son las carnes, los alimentos lácteos, las habas y el exceso de trigo favoreciendo el adelgazamiento los vegetales, los aceites vegetales, la soja y la piña.
     
    Características Generales del Tipo B
    Las personas con sangre del tipo B presentan según D’Adamo un sistema inmunitario activo, facilidad de adaptación ambiental y nutricional, bienestar con actividades físicas o deportivas moderadas y equilibradas, y un aparato digestivo eficiente que le permite seguir una dieta variada y equilibrada con leche y lácteos pero que posee poca tolerancia a los embutidos, la carne de cerdo, el marisco, las semillas y los frutos secos.
    Las normas generales a seguir por las personas del tipo B serían:
    1) Llevar una dieta variada y equilibrada.
    2) Consumir abundantes frutas y hortalizas de hoja verde.
    3) Consumir carnes magras pero evitando las de pollo y cerdo así como los embutidos.
    4) Consumir pescado pero evitar los mariscos. No se recomiendan las gambas, los cangrejos, la langosta, los mejillones, las ostras, las almejas, el pulpo, las anchoas, la anguila y los caracoles.
    5) Consumir huevos, leche y productos lácteos (es el único que los tolera bien).
    6) Limitar los productos a base de trigo y maíz.
    7) Limitar el consumo de semillas y frutos secos.
    8) Practicar actividades físicas moderadas y equilibradas como los ejercicios aeróbicos, la bicicleta, la natación, el yoga o el tenis.
    9) Utilizar en caso de malestar productos fitoterapéuticos o infusiones de salvia, menta, ginseng, eleuterococo o regaliz pero evitar las de tila, lúpulo, ruibarbo, áloe, barba de maíz y alholva.
    En cuanto a los alimentos que favorecen el aumento de peso en las personas del tipo B son el maíz, las lentejas, los cacahuetes, las semillas de sésamo, el trigo y el trigo sarraceno favoreciendo el adelgazamiento los vegetales de hoja verde, el té de palo dulce, la carne -especialmente la de hígado-, los huevos y los lácteos.

    Características Generales del Tipo AB
    Las personas con sangre del tipo AB presentan según D’Adamo un sistema inmunitario vulnerable, facilidad de adaptación a las condiciones de vida modernas, bienestar con una actividad física o deportiva relajante que exija esfuerzos moderados y un aparato digestivo frágil que precisa una dieta mixta moderada y tolera mal las carnes rojas, la pasta, las alubias y los frutos secos.
    Las normas generales a seguir por las personas del tipo B serían:
    1) Limitar el consumo de carnes rojas y evitar las carnes en conserva o ahumadas así como los embutidos.
    2) Consumir pescado y marisco pero evitando la langosta, las gambas, los cangrejos, las ostras, las almejas, el pulpo, la lubina, las anchoas y la anguila.
    3) Evitar el consumo de productos a base de harina de trigo y limitar el consumo de pasta.
    4) Consumir leche, lácteos y quesos… salvo cuando al hacerlo haya producción excesiva de moco con afecciones de las vías altas respiratorias. En tal caso deben suprimirse.
    5) Consumir frutas -especialmente ciruelas, uvas, piña y frutas del bosque- y hortalizas en abundancia -sobre todo tomate-.
    6) Preferir las grasas vegetales -primando el aceite de oliva- pero evitar el vinagre.
    7) Eliminar los encurtidos y la pimienta.
    8) Preferir las actividades físicas y deportivas relajantes que exijan sólo esfuerzos moderados.
    9) En caso de malestar utilizar productos fitoterapéuticos o infusiones de manzanilla, cardo mariano, equinácea, eleuterococo, regaliz o espino blanco pero evitar las de tila, lúpulo, áloe, barba de maíz, alholva y ruibarbo.
    Terminamos comentando que los alimentos que favorecen según Peter D’Adamo el aumento de peso en las personas del tipo AB son las carnes rojas, el maíz, el trigo, el trigo sarraceno, las alubias, las judías y las semillas de sésamo mientras favorecen el adelgazamiento las verduras, las algas marinas, los pescados, los lácteos, la piña y el tofu.
    Conclusión
    Hasta aquí un breve resumen de lo expuesto por los D’Adamo -padre e hijo-. Sólo nos resta apuntar que a nuestro juicio la generalización propuesta es demasiado amplia y probablemente no responda a la realidad individual aunque sí pueda reflejar las “tendencias”. Por otra parte, el Test Indicán permite saber si tenemos problemas con los alimentos pero no conocer cuáles son concretamente los que nuestro organismo rechaza activando las defensas del sistema inmune. Sin embargo, los actuales tests de intolerancia o sensibilidad alimentaria sí los detectan por lo que lo más adecuado es someterse a ellos. Una posibilidad, por cierto, a la que debería optar toda aquella persona a la que se le ha diagnosticado una enfermedad autoinmune. Es muy posible que mejoren simplemente eliminando los alimentos a los que su organismo reacciona con virulencia.

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    PROPOLEO, ANTIBIOTICO NATURAL Y POTENCIADOR INMUNITARIO

    Publicado 21 febrero, 2014 por Diana Pardo

    Ahora que estamos en el último mes del invierno, y que ciertos virus como el de la gripe, la gastrointeritis, la amigdalitis…etc, están invadiendo las consultas, debemos estar preparados para combatirlos y echarlos cuanto antes de nuestro cuerpo.
    Para esto contamos con numerosos remedios naturales, pero el propóleo es el producto estrella por excelencia y por ello es originario de una especie tan organizada, trabajadora y meticulosa como lo son las abejas.
    ¿Alguna vez habeis visto una imagen cercana de un panal construído por ellas?, son realmente artistas arquitectónicas, los construyen en celdas exagonales milimétricamente identicas.

    Increíble ¿verdad?.

    Lo ideal es comenzar a tomar este maravilloso remedio a comienzos del invierno ya que con sus múltiples propiedades antisépticas, nos proteje de contagios, pero si ya tenemos el trancazo encima, es igualmente útil, porque fortalecerá nuestras defensas para que puedan combatirlo y derrotarlo en menos tiempo. Lo podemos tomar en forma de extracto, quizás sea su formato más puro,aunque también lo encontramos en todas las farmacias y parafarmacias, en pastillas para chupar combinadas con vitamina C y tomillo, que es una estupenda mezcla para hacer el producto aún más beneficioso.
    Esta sustancia es ideal para ayudar a nuestros pequeños a protegerse de los múltiples virus, bacterias y hongos a los que están expuestos en los colegios. Hay que tener en cuenta que este producto se recomienda tomarlo a partir de los seis años.
    Aquí os dejo información complementaria de las múltiples propiedades de esta sustancia.

    El propóleo es una sustancia resinosa utilizada por las abejas para cubrir y proteger la colmena. Las abejas obtienen esta sustancia a partir de las yemas y cortezas de algunos árboles.

    El propóleo es rico en bioflavonoides y aceites esenciales, además de contener oligoelementos, vitaminas y aminoácidos.
    El termino propóleo proviene del griego Propolis que significa “defensa de la ciudad”
    Gracias a la acción antibiótica del propóleo, que protege de la actividad de virus y bacterias, la colmena es uno de los lugares mas estériles conocidos en la naturaleza.
    El Propóleo contiene una gran variedad de elementos:
    Aminoácidos, vitaminas, minerales, etc. Entre todos estos compuestos destacan los bioflavonoides. El propóleo en estado bruto contienen 500 veces más bioflavonoides que las naranjas, los cuales son considerados hoy en día beneficiosos en estados de convalecencia. No obstante, estudios científicos llevados a cabo por diversos investigadores en todo el mundo han demostrado que el efecto del propóleo se consigue gracias a la acción sinérgica de todos sus componentes. Por su composición y propiedades suele recomendarse en caso de afecciones respiratorias recurrentes o en cualquier situación en la que las defensas del organismo están bajas.

    Propiedades: Científicamente se le han demostrado 20 propiedades: es antibacteriano, antimicótico, anticolesterolémico, antiparasitario, antiinflamatorio, antioxidante, antitóxico, antialérgico, analgésico, anestésico, antituberculoso, antiviral, citostático, desodorante, epitelizante, estimulante de la inmunogenesis, fitoinhibidor, hemostático, hipotensor y termoestabilizador. Fundamentalmente es un magnífico biorregulador, rehaciendo la capacidad de defensa, funcionamiento y adaptación del organismo.
    Sus Beneficios en todo nuestro cuerpo
    Aparato circulatorio: El propóleo combina efectos vaso-dilatadores e hipotensores, disminuye la fragilidad capilar, inhibe la oxidación del colesterol y normaliza la tensión arterial. Estos efectos se logran con el uso regular, no debiendo esperarse efectos mágicos en caso de crisis hipertensivas.
    Vías respiratorias: Es un antibiótico de amplio espectro que no produce disbacteriosis y que se ha ganado merecidamente la fama de efectivo antigripal. Su acción antiinflamatoria y anestésica lo convierte en eficaz protector de la garganta y las cuerdas vocales.
    Aparato digestivo: En este aspecto ejerce múltiples acciones: normaliza el peristaltismo intestinal, regula el apetito, ayuda a la regeneración de úlceras, es protector hepático y previene la parasitosis.
    Dermatología: Su notable capacidad cicatrizante, desinfectante y antiinflamatoria lo hace indicado para heridas, quemaduras y afecciones de la piel. También resulta óptimo como fungicida de amplio espectro.
    Odontología: Incrementa la salud bucal por sus principios antisépticos, antibióticos y antiinflamatorios. Además estimula la generación de la dentina (esmalte dental) e impide la formación de caries y placa bacteriana.
    Contraindicaciones: Ninguna. No se han detectado reacciones alérgicas, ni toxicidad por sobredosis. Se ha demostrado perfectamente compatible y hasta complementario de otras prácticas terapéuticas.
    Cuidados: Para mantener sus propiedades requiere que se lo preserve de la luz y de la temperatura, dada las delicadas características biológicas de sus componentes.